Introducción
La celebración del décimo aniversario de la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco constituye para nosotros, Religiosos del Santísimo Sacramento, un momento privilegiado de reflexión. Ante la crisis ecológica mundial, la Iglesia nos recuerda que la cuestión medioambiental no es únicamente científica o económica, sino también moral y espiritual. La ecología integral propuesta por el Santo Padre vincula la fe cristiana, la justicia social, la dignidad humana y el respeto a la creación. En el centro de esta visión se encuentra la Eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana. Por lo tanto, ¿cómo puede nuestra espiritualidad eucarística iluminar y alimentar la conversión ecológica hoy en día? Para responder a esta pregunta, mostraremos en primer lugar por qué la Eucaristía constituye la cumbre de la ecología integral. A continuación, presentaremos algunas ideas del Magisterio ecológico del papa Francisco como un llamamiento profético. Por último, pondremos de relieve la dimensión ecológica de nuestra espiritualidad.
I. La Eucaristía, culmen de la ecología integral
El Concilio Vaticano II define la Eucaristía como la fuente y el culmen de la vida cristiana[1]. Por su parte, el papa Francisco afirma que “en la Eucaristía lo creado encuentra su mayor elevación”[2]. Esta afirmación revela la dimensión cósmica del sacramento: el pan y el vino, frutos de la tierra y del trabajo humano, son asumidos por Cristo para convertirse en sacramento de salvación. Así, la creación no es ajena al misterio eucarístico; está integrada y transfigurada en él. Al celebrar la Eucaristía, reconocemos que la tierra es un don y no un simple recurso que explotar. Comulgar con Cristo implica: cuidar de la casa común y defender a los más pobres, las primeras víctimas de los desequilibrios ecológicos. La Eucaristía restaura las relaciones rotas entre Dios, la humanidad y la naturaleza, y se convierte así en fundamento de una verdadera ética ecológica.
II. El llamamiento profético del Magisterio ecológico
La encíclica LS subraya con fuerza que la tierra “clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella”[3]. Así pues, la crisis ecológica que atraviesa el mundo no es solo una crisis relacionada con el cosmos, sino también una crisis moral y espiritual. Para el Papa, si existe un desierto exterior, es porque existe un desierto interior[4]. La crisis ecológica es el síntoma de una crisis más profunda: la del corazón humano. La deforestación y la contaminación son testimonio de un uso irresponsable de los bienes que Dios ha confiado a la humanidad. En nuestro contexto africano y, en particular, en la República Democrática del Congo, la tala abusiva de árboles y la explotación descontrolada de los recursos naturales provocan un grave desequilibrio del ecosistema. Los expertos revelan la desaparición de ciertas plantas medicinales y otros productos forestales, la escasez de bestias y animales y, como consecuencia, la hambruna. Siguiendo al Santo Padre, pensamos que destruir el orden de la creación es perturbar la armonía deseada por Dios. De ahí el llamamiento a toda la familia humana a la conversión ecológica.
III. La conversión ecológica en el corazón de la espiritualidad eucarística SSS
Nuestra Regla de Vida nos invita a profundizar sin cesar en el misterio eucarístico y a acoger los signos de los tiempos. La crisis ecológica forma parte de esas llamadas urgentes. Para nosotros, religiosos del Santísimo Sacramento, la ecología integral se deriva naturalmente de nuestro carisma. La experiencia espiritual del padre Eymard en Saint-Romans ilustra bien esta dinámica. En la contemplación de la naturaleza, el padre Eymard descubre la bondad de Dios manifestada en las criaturas. La creación se convierte para él en un espejo divino y una escalera mística que conduce a la adoración. Así se perfila una dinámica espiritual: contemplar, adorar, dar gracias y, a continuación, comprometerse. La Eucaristía nos llama a reconocer la presencia de Cristo no solo en el Sacramento, sino también en los pobres y en la creación herida. Cada misa se convierte entonces en una escuela de ecología integral y en un envío en misión para trabajar por la transfiguración del mundo.
Conclusión
La celebración del décimo aniversario de LS nos invita a renovar nuestro compromiso espiritual y misionero. La Eucaristía, corazón de nuestra vida religiosa, es también el corazón de nuestra respuesta a la crisis ecológica y a las necesidades de la humanidad. Al convertirnos en hombres profundamente eucarísticos, nos convertimos en artífices de la reconciliación entre Dios, la humanidad y la creación. Que esta conmemoración reavive en nosotros la contemplación, la conversión del corazón y el compromiso concreto por la salvaguarda de la casa común.
Padre Jean-Willy Mupila, SSS
Escolasticado Interafricano Emaús
Provincia B. Isidore Bakanja, R.D.Congo
[1] Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, n.º 11.
[2] Francisco (Papa), Carta encíclica Laudato Si’ sobre el cuidado de la casa común, Kinshasa, Médiaspaul, 2015, n.º 236.
[3] Ibid., n° 2.
[4] Ibid., n° 217.
